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Tucumán tiene tierra y tiene técnica: el desafío que le falta para competir en el mundo del vino

Colalao del Valle y Amaicha del Valle son los polos vitivinícolas más consolidados de la provincia, pero la producción local todavía está lejos de los grandes referentes nacionales. Alejandro Catella, promotor vitivinícola tucumano, analizó el estado del sector en No Vengan a Molestar en septiembre de 2025 y marcó el camino que falta recorrer.

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El vino tucumano existe, crece y en algunos casos sorprende. Pero todavía le falta. Esa es la síntesis que hizo Alejandro Catella, promotor vitivinícola tucumano, durante su visita al programa No Vengan a Molestar en septiembre de 2025, cuando evaluó el estado de la vitivinicultura local con honestidad: "Hay gente que está haciendo cosas bien interesantes y hay otra que creo que con el tiempo va a hacer cosas buenísimas. Nos falta un poco de experiencia y estamos lejos de los lugares más experimentados."

Los principales polos productores están en Colalao del Valle y Amaicha del Valle, donde funcionan varias bodegas, entre ellas una de la comunidad de los Amaicha. La altitud y las condiciones climáticas de esas zonas generan condiciones interesantes para ciertos varietales, y hay inversores que ya están evaluando plantar viñedos en zonas aún no exploradas de la provincia.

"Hay tierra para ponerlo y hay capacidad técnica, mucha gente que se está formando", señaló Catella. Pero el salto de tener condiciones a producir vinos que compitan con Mendoza, San Juan o Salta todavía requiere tiempo y acumulación de experiencia.

Donde sí encontraron una salida interesante es en el turismo enológico. Las bodegas de Colalao y Amaicha empezaron a ofrecer experiencias de visita, degustación y gastronomía que convierten un fin de semana largo en un plan completo. El modelo de bodegas con restaurante y propuesta turística integrada, que en Mendoza ya tiene estrellas Michelin, empieza a tomar forma en el norte.

"Las bodegas encontraron en la pata turística una salida más", reconoció Catella, y señaló que esa combinación entre paisaje, gastronomía y vino es exactamente lo que Tucumán tiene para ofrecer de manera diferencial. Un camino que, bien recorrido, puede convertir a la provincia en un destino vitivinícola con identidad propia.