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Argentina financia investigaciones que después se llevan gratis empresas del exterior: el problema que nadie ve

El sistema científico argentino paga investigadores, financia laboratorios y genera conocimiento de alto nivel. Pero una parte importante de ese conocimiento termina siendo apropiado por empresas extranjeras sin que el país reciba nada a cambio. Ariel Apichela, secretario de Desarrollo Tecnológico de la UNT, lo explicó sin vueltas en No Vengan a Molestar en septiembre de 2025.

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Hay empresas en el mundo que no invierten en investigación y desarrollo propio. En cambio, tienen equipos dedicados a rastrear desarrollos ya hechos en universidades públicas de países como Argentina, comprarlos o simplemente apropiárselos cuando están disponibles de manera abierta, y convertirlos en negocios rentables en otro lugar del mundo.

Ariel Apichela, secretario de Desarrollo Tecnológico de la UNT, lo describió con una precisión que incomoda durante su visita al programa No Vengan a Molestar en septiembre de 2025: "Nosotros financiamos un sistema cuya rentabilidad se la lleva otro. Y somos unos boludos."

El mecanismo tiene una lógica perversa. Para ser reconocido como investigador en Argentina, uno de los requisitos es publicar papers académicos. Pero publicar es hacer público el conocimiento, y lo que es público ya no puede patentarse. "Al publicar es público, entonces ya no es patentable", explicó Apichela.

"Uno publica para calificar como investigador y esa investigación después la toma gratis alguna empresa en el mundo para hacer un desarrollo." El resultado es que el Estado argentino financia años de trabajo científico que termina generando empleo, rentabilidad e innovación en otro país.

La Secretaría de Desarrollo Tecnológico de la UNT nació precisamente para intentar revertir esa lógica, acompañando a investigadores y emprendedores para que sus desarrollos se conviertan en empresas locales antes de que el conocimiento se escape. "Si no tiene este lugar, la ganancia que produce se la lleva otro", advirtió Apichela.

No se trata de cerrar el conocimiento sino de construir un puente entre el laboratorio y el mercado que permita que lo generado con fondos públicos argentinos beneficie primero a los argentinos. Una tarea que parece obvia pero que, según su diagnóstico, el sistema universitario estuvo décadas sin encarar de manera sistemática.