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Empezó como una guitarreada familiar y hoy convoca a miles: la historia de la Fiesta de San Juan en Villa Urquiza

Una profesora le dijo que saliera un 23 de junio a ver qué pasaba en las esquinas de la ciudad. De ahí nació una fiesta que hoy lleva 21 años y reúne a multitudes en Villa Urquiza. Carolina Paz, una de sus organizadoras, contó la historia en No Vengan a Molestar el 24 de junio de 2026.

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Todo empezó con una tarea de investigación. Carolina Paz, bailarina y docente, estaba estudiando cuando una profesora le sugirió algo simple: salir un 23 de junio por las afueras de la ciudad y ver qué encontraba.

Lo que encontró fueron pequeños grupos de personas alrededor de fogatas en distintas esquinas. Intrigada, empezó a investigar y terminó preguntándole a la persona que mejor conocía esa tradición: su propio padre. Él le explicó que se trataba de la Noche de San Juan, que se hace un muñeco, se piden y agradecen cosas, y que quien puede debe sacar algo de su casa para quemar ese día, aunque sea la basura.

De esa conversación nació la primera edición, una guitarreada familiar pequeña con una fogata modesta. Con el tiempo, de boca en boca, la convocatoria creció hasta convertirse en un evento con escenario, sonido profesional y artistas invitados de Santiago del Estero, Jujuy y Catamarca. Hoy, 21 años después, se realiza cada 23 de junio en el pasaje Comandante Rosales, en Villa Urquiza, y la organiza la misma familia que la inició, con José Manuel Paz, padre de Carolina, todavía al frente de la construcción del muñeco a sus 89 años.

El muñeco es el centro simbólico de toda la celebración. Está armado enteramente con ropa donada o reunida para la ocasión, con guata únicamente en la cara para darle forma. Representa, según explicó Carolina, todo lo que una persona necesita soltar para poder recibir algo nuevo: cerrar un ciclo para abrir otro.

Antes de la quema, que ocurre a la medianoche, la gente se acerca a escribir en un papel sus pedidos o agradecimientos y los coloca en una mochila que el muñeco lleva puesta, sentado desde temprano en el lugar de la fiesta como si fuera un invitado más.

Lo que distingue a esta celebración de otras fiestas populares es su carácter completamente espontáneo y gratuito. No depende de ninguna entidad pública ni privada: se sostiene con la venta de empanadas, la colaboración de quienes asisten y el trabajo de una familia que, dos décadas después, sigue eligiendo organizarla cada año en la calle, abierta a cualquiera que quiera acercarse.