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Salud Mental y el "modelo del encierro": por qué el PUNA defiende el abordaje comunitario de las adicciones

Frente a los discursos que proponen modificar la actual Ley de Salud Mental, Carolina Schargorodsky advirtió sobre los peligros del paradigma manicomial. "El encierro no cura a nadie", sentenció la directora.

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El debate sobre la Ley Nacional de Salud Mental (Ley 26.657) volvió a instalarse con fuerza en la sociedad argentina. Muchos sectores exigen mayor facilidad para realizar internaciones involuntarias, argumentando que la normativa actual ata de manos a las familias. Sin embargo, en una entrevista realizada en abril en No Vengan a Molestar, Carolina Schargorodsky ofreció una mirada crítica frente a lo que considera un engaño político y un retroceso en materia de derechos humanos.

"Hay un mensaje del gobierno que es capcioso y mentiroso lisa y llanamente: dicen 'queremos que las personas puedan ser internadas involuntariamente cuando no pueden decidir'. Eso ya lo dice la ley", afirmó con vehemencia la abogada y directora del PUNA.

Según explicó, la ley actual permite la internación cuando existe un "riesgo cierto e inminente para sí o para terceros". La verdadera falla, sostuvo, no está en la redacción legal, sino en la desfinanciación del Estado: "La internación sin tratamiento interdisciplinario previo y posterior es una privación ilegítima de la libertad. ¿Qué recuperación puede tener una persona que está internada hace 20 años? Eso no es tratamiento de salud".

Para Schargorodsky, el intento de modificar la ley esconde un intento de regresar al viejo paradigma del encierro manicomial. "Si la ley se cambiara como pretende el gobierno y se abandona el abordaje comunitario, Chano hoy no podría estar trabajando ni dando recitales", ejemplificó. La respuesto vino ante la consulta por los reclamos de familiares de pacientes mediáticos, como el músico "Chano" Charpentier.

En esta línea, denunció que las instituciones psiquiátricas cerradas funcionaron históricamente como espacios de segregación para "el diferente": "Los locos alguna vez fueron los homosexuales o los leprosos; ahora son los adictos. Es una forma de control social, no de cuidado de la salud".

La especialista concluyó invitando a la sociedad a dejar de asociar al adicto con la delincuencia, un estigma fomentado por el prohibicionismo. "Las personas que tienen un padecimiento subjetivo tienen derecho a la vida en comunidad. No hay ningún otro padecimiento al cual se le exija 'éxito' en el tratamiento o demostrar que tenés voluntad bajo amenaza de quedar encerrado", reflexionó, instando a las autoridades a invertir presupuesto real para garantizar empleos, viviendas y seguimiento interdisciplinario para los pacientes.