Dos amigos, una maestría en Europa y las ganas de hacer vino con alma: la historia detrás de Entrometido Wines
Recorrieron bodegas gigantes en Francia, España y Portugal, vieron toda la tecnología posible y al final se quedaron con el recuerdo de los vinos que hacía la gente a mano, con poca maquinaria y mucha intuición. De esa experiencia nació Entrometido Wines. Conrado Gibs, ingeniero agrónomo y enólogo mendocino, lo contó en No Vengan a Molestar el 3 de junio de 2026.
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Hay una diferencia que poca gente conoce entre un enólogo y un somelier. El enólogo es el profesional que se encarga de convertir la uva en vino: desde que la fruta llega a la bodega hasta que el líquido entra en la botella, todo ese proceso es su responsabilidad.
El somelier, en cambio, es quien comunica el vino: arma las listas en los restaurantes, recomienda maridajes, sabe en qué ocasión va cada estilo y cómo servirlo. "El enólogo hace el vino hasta la botella y el somelier se encarga de comunicar cuál es la mejor forma de tomarlo", explicó Conrado Gibs, ingeniero agrónomo y enólogo mendocino, durante su entrvista en el programa No Vengan a Molestar el 3 de junio de 2026.
Gibs viene de una familia de ingenieros agrónomos y su socio, Francisco Fraguas, creció rodeado de viñedos. Cuando ambos volvieron de una maestría en Europa en 2019, tenían una visión clara de lo que querían hacer y de lo que no. En su recorrido por bodegas de Francia, España y Portugal habían visto de todo: grandes establecimientos con tecnología de punta, tanques enormes, barricas de distintos orígenes y protocolos estrictos de elaboración.
Pero lo que se les quedó grabado fueron los pequeños productores que cosechaban a mano, prensaban la uva con prensas manuales y tomaban decisiones guiándose por el olfato y la experiencia. "Nos acordábamos de los vinos que hacía esta gente de forma artesanal, con alma, de gente que elegía ese lugar por alguna razón", recordó Gibs.
De esa inspiración nació Entrometido, un nombre que resume su filosofía: meterse en los vinos de alta gama de manera propia, sin seguir los caminos ya trazados. Hoy producen once vinos diferentes en cuatro líneas, todos en tirajes pequeños de entre 2000 y 4000 botellas, desde distintas zonas de Mendoza.
Un Bonarda de Medrano, vinos de parral de variedades coplantadas en Barrancas, Malbecs del Valle de Uco. Cada uno con una historia concreta, un lugar específico y una identidad que los distingue. "Queremos vinos auténticos y diferentes", resumió. Una apuesta de nicho que, en un mercado saturado de etiquetas, apunta a los que buscan experiencia antes que marca.
