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Cada vez votamos menos a favor de algo y más en contra de otra cosa: la crisis de representación según Franco Yanotti

El consultor político tucumano Franco Yanotti reflexionó en No Vengan a Molestar en septiembre de 2025 sobre uno de los fenómenos más preocupantes de la democracia argentina: el voto se volvió cada vez más emocional y reactivo, y encontrar representantes que genuinamente trabajen por el bien común se volvió una misión casi imposible.

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Hay una pregunta que aparece en casi todas las conversaciones sobre política argentina y que Franco Yanotti, consultor político y periodista tucumano, se animó a responder sin eufemismos durante su visita al programa No Vengan a Molestaren septiembre de 2025. ¿Por qué es tan difícil que una persona honesta y preparada llegue al poder y gobierne bien?

"El entramado político de Argentina es demasiado engorroso para que puedas con total tranquilidad llevar adelante una presidencia siendo buena leche, estando limpio", afirmó, y explicó que desde el presidente hasta el último funcionario de un ministerio hay decenas de miles de personas, y basta con que una se mande una equivocación grave para que salpique a todo el gobierno.

Pero el problema no es solo de quienes gobiernan sino también de quienes votan. Yanotti describió una tendencia que lleva varias elecciones consolidándose: "El voto está siendo emocional. Cada vez lo estamos perdiendo más porque cada vez vota menos gente y estamos votando hace muchas elecciones 'no quiero esto' en vez de 'apoyo tal cosa'."

Un voto que ya no elige sino que rechaza, que no construye sino que castiga, y que deja a los candidatos en una posición extraña: ganar no significa tener un mandato claro sino simplemente ser lo menos malo disponible.

Esa lógica del mal menor tiene consecuencias profundas. Para Yanotti, capitalizar el enojo del votante es jugar con fuego: "No se puede capitalizar", fue directo. El enojo es volátil, no construye lealtades y se agota tan rápido como aparece. Lo que la política argentina necesita, según su mirada, no es solo mejores candidatos sino una ciudadanía que vuelva a votar a favor de algo. Un horizonte que hoy parece lejano pero que, insiste, es el único camino para salir de la trampa en la que lleva décadas girando el sistema político argentino.