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Pasión, ensayo y saber leer al público: lo que hace falta para ser mago según quienes lo son

No hay título ni universidad que certifique que alguien es mago. Gastón Tannuré y Augusto Carrizo, del Círculo Mágico Tucumano, explicaron en No Vengan a Molestar que el verdadero diploma lo otorga el público, y que detrás de cada juego hay mucho más que un secreto bien guardado.

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No existe una carrera de magia en Argentina. No hay diploma, no hay acreditación oficial, no hay título que certifique que alguien cruzó la línea entre aficionado y profesional. "Te recibís cuando el público empieza a solicitarte", explicó Augusto Carrizo, integrante del Círculo Mágico Tucumano, durante su visita al programa No Vengan a Molestar.

Una definición que dice mucho sobre la filosofía que hay detrás de este arte: lo que importa no es el secreto que se domina sino la emoción que se genera en quien mira. Esa orientación hacia el otro es, para Carrizo, el motor más profundo de quienes eligen la magia. "Nunca estás desafiando al público, nunca decís 'yo sé más que ustedes'. Estás entregado, y la carta es como un canal de comunicación", describió.

El momento en que un efecto funciona —la sonrisa, la sorpresa, el aplauso— es lo que engancha a los magos desde el principio y lo que los mantiene ensayando durante años. A eso se suma la constancia: reuniones semanales, congresos, lecturas, videos de referentes. "La magia es 100% infinita", afirmó Gastón Tannuré. "Todo permanentemente crece."

El mundo de la magia tiene además una taxonomía propia que muy pocos conocen desde afuera. Existe la cartomagia, el mentalismo, la numismagia, la micromagia, el closeup —magia de muy cerca—, la magia de salón y las grandes ilusiones de escenario. Cada categoría tiene sus referentes, sus técnicas y su tipo de público. Y cada público exige una lectura distinta: no es lo mismo actuar en un teatro lleno que en una fiesta empresarial donde nadie pidió un mago, o frente a chicos de escuelas rurales donde, según Tannuré, "pasás a ser Dios."

Leer esa sala, encontrar al líder del grupo, hacerlo participar: esas son las habilidades que ningún libro enseña del todo y que solo se adquieren actuando. La inteligencia artificial, asoman sus autores, empieza a usarse para construir la narrativa que acompaña cada juego —lo que en el mundo de la magia se llama "la charla"—, pero el corazón del oficio sigue siendo inevitablemente humano.