Todos vamos a tener cataratas: lo que hay que saber antes de que lleguen
La catarata no es una enfermedad rara ni exclusiva de los muy mayores. Es un proceso de envejecimiento del ojo que tarde o temprano nos alcanza a todos. La doctora Graciela Finkelstein, oftalmóloga y médica estética, lo explicó en No Vengan a Molestar el 3 de junio de 2026 y desmontó varios mitos sobre cuándo operarse y por qué no hay que temerle a la cirugía.
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Hay una frase que la doctora Graciela Finkelstein, oftalmóloga tucumana, repite con sus pacientes: "Si tenés canas, ya empiezan a aparecer las cataratas." No es un chiste. La catarata es la opacificación del cristalino, la lente natural del ojo, y es parte del proceso de envejecimiento de todos los seres humanos.
Lo explicó durante su visita al programa No Vengan a Molestar el 3 de junio de 2026. Algunos factores aceleran ese proceso, como la diabetes, el uso prolongado de corticoides o la miopía, pero en condiciones normales la catarata llega igual. La pregunta no es si va a aparecer sino cuándo y qué hacer cuando aparece.
La respuesta a esa segunda pregunta depende de cada paciente. No toda catarata es quirúrgica. Mientras el paciente pueda mejorar su visión con anteojos y eso sea suficiente para lo que necesita hacer en su vida cotidiana, la cirugía puede esperar. "Yo siempre pregunto: para lo que vos hacés, ¿está bien lo que ves? Si está bien, nos quedamos como estás", explicó Finkelstein.
Pero cuando el anteojo ya no alcanza, cuando los colores se ven opacos, cuando las luces encandilan al manejar de noche o cuando la calidad de vida se ve claramente afectada, la cirugía es la solución. Y hoy esa cirugía es rápida, segura y con resultados inmediatos: el paciente se va a su casa en pocas horas y puede operarse el segundo ojo en cuestión de días.
Lo que sí genera preocupación a Finkelstein es el glaucoma, al que definió como la primera causa de ceguera prevenible. El glaucoma es el aumento de la presión ocular que daña el nervio óptico de forma progresiva y, en muchos casos, sin síntomas visibles hasta que el daño ya está hecho.
"Si tenés un padre o una madre con glaucoma, controlate", fue directa. La tríada diagnóstica es simple: presión ocular, fondo de ojo y campo visual. Si los tres están bien, dos controles al año son suficientes. El mensaje central de Finkelstein fue uno solo: ir al oftalmólogo no es solo para cambiar los anteojos. Es para tomar la presión ocular y detectar a tiempo lo que no duele pero avanza igual.
