Si parpadeás seguido para ver mejor, tenés ojo seco: lo que las pantallas le están haciendo a nuestra vista
El ojo seco no es solo una molestia pasajera. Es una de las patologías oftalmológicas más frecuentes y el uso de pantallas, el aire acondicionado y los cambios hormonales lo potencian. La doctora Graciela Finkelstein lo explicó en No Vengan a Molestar el 3 de junio de 2026 y advirtió sobre lo que le espera a la mitad de la población mundial en 2050.
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Hay un síntoma que muchas personas tienen y no saben identificar: están manejando o leyendo, la visión se pone levemente turbia, parpadean varias veces y mejora, pero al rato vuelve a pasar.
"Tenés ojo seco", diagnosticó la doctora Graciela Finkelstein, oftalmóloga, durante su visita al programa No Vengan a Molestar el 3 de junio de 2026, sin necesidad de lámpara de hendidura. El ojo seco ocurre cuando la lágrima se evapora demasiado rápido, generalmente porque falta una grasita producida por las glándulas de los párpados que actúa como barrera protectora. Sin esa barrera, la parte acuosa de la lágrima se evapora y el ojo queda expuesto.
Las causas son múltiples y muchas de ellas forman parte de la vida cotidiana moderna: el uso prolongado de pantallas, el aire acondicionado, los cambios bruscos de temperatura entre el exterior y los espacios climatizados, y factores hormonales como la menopausia, el embarazo o los problemas de tiroides.
"La mayoría vamos a tener ojo seco", fue directa Finkelstein. Su recomendación para atenuarlo es concreta: incorporar omega 3 a la dieta, que ayuda a la formación de esa grasita protectora, y prestar atención a la humedad del ambiente donde se trabaja.
El tema de las pantallas y los niños es donde Finkelstein fue más contundente. Estudios ya proyectan que en 2050 la mitad de la población mundial será miope, en gran medida por el uso excesivo de dispositivos desde edades tempranas. Hasta los dos años, el celular no debería estar en manos de un niño por razones neurológicas y de estimulación lumínica.
Después de esa edad, la recomendación no es dar un número de horas fijo sino controlar las condiciones: buena luz ambiente, distancia adecuada a la pantalla y, sobre todo, que el niño no use el dispositivo a oscuras o bajo las sábanas. "Hablale, explicale cuál es el problema", recomendó. Un consejo que, en un mundo donde las pantallas son inevitables, apunta más a la conciencia que a la prohibición.
