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Guerra de paladares: cerveza sin alcohol, mate dulce y los "sacrilegios" que dividen a los argentinos

El último programa encendió la polémica al debatir sobre las nuevas versiones de los clásicos nacionales. Entre la defensa de la seguridad vial y el rechazo tajante a las reversiones, las costumbres culinarias volvieron a desatar pasiones cruzadas.

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Tocar los emblemas de la gastronomía y la cultura popular argentina es, invariablemente, abrir la puerta a una discusión acalorada donde no existen los términos medios. Esa premisa quedó en evidencia en el último programa deNo Vengan a Molestar, cuando el mensaje de un oyente que comparó tomar cerveza sin alcohol con "preparar un mate sin yerba" desató una batalla campal de opiniones sobre las nuevas alternativas de consumo, las bebidas desalcoholizadas y los experimentos que desafían las tradiciones de la mesa cotidiana.

La controversia comenzó con posturas tajantes frente a las reversiones modernas de los hábitos festivos. Mientras parte de la mesa descalificó a la cerveza sin graduación alcohólica comparándola con el vino en lata, los sachets o el asado vegano bajo la etiqueta de "inventos innecesarios", surgió de inmediato el contraargumento de la responsabilidad individual: se reivindicó su utilidad como un paliativo indispensable para conductores asignados frente a las normas de alcohol cero al volante, así como una opción válida para mujeres gestantes o personas bajo tratamiento médico que no desean quedar excluidas del brindis social.

El cruce no tardó en trasladarse al terreno del mate, donde las divergencias fueron aún más profundas. La mesa trazó una línea divisoria intransigente entre el ritual tradicional amargo y caliente versus la incorporación de edulcorantes químicos, calificada por los conductores como una alteración que roza la provocación intencional en los ámbitos laborales para evitar compartir la bombilla.

A la par, se analizaron los agregados botánicos de moda —desde la clásica peperina serrana o el boldo hasta las modernas infusiones con rodajas de jengibre fresco o escamas de coco seco—, evaluando si enriquecen la infusión o desvirtúan su esencia original.

La discusión derivó hacia combinaciones gastronómicas que generan fascinación o repulsión inmediata según el paladar del comensal. Los integrantes del ciclo repasaron mezclas extremas como la pizza con dulce de leche o chocolate comercializada en algunos locales del país vecino, galletitas dulces untadas en kétchup en mesas estudiantiles y la presencia controvertida del palmito con salsa golf.

También salió a relucir el consumo simultáneo de papas fritas grasientas con ensaladas de comida rápida, un hábito que sintetiza la eterna contradicción entre el cuidado de la silueta y la indulgencia culinaria.

Lejos de tratarse de simples caprichos individuales, estas discusiones reflejan una mutación en las pautas de consumo donde conviven el fundamentalismo por lo autóctono y la apertura hacia nuevas alternativas dietarias o recreativas. El debate dejó en claro que, mientras el mercado multiplica fórmulas bajas en calorías o libres de alcohol para adaptarse a las exigencias modernas, en el inconsciente colectivo argentino el sabor, la liturgia compartida y la intransigencia siguen siendo pilares innegociables a la hora de sentarse a la mesa.