El alquiler dejó de ser una etapa transitoria: cómo la crisis habitacional cambió el sueño de la casa propia en Tucumán
Lo que para generaciones anteriores era una meta alcanzable hoy parece un horizonte lejano para los jóvenes tucumanos. Guillermo Gutiérrez Falcón, de la inmobiliaria Umbral, explicó en No Vengan a Molestar cómo los barrios privados y la compra en pozo se convirtieron en las únicas alternativas reales para quien quiere acceder a su primera vivienda.
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Hubo un tiempo en que tener casa propia era una meta concreta, no un sueño esquivo. Una meta que las generaciones anteriores alcanzaban con esfuerzo pero sin la sensación de que el sistema estaba en su contra.
Hoy esa certeza se rompió, y Guillermo Gutiérrez Falcón, presidente de la inmobiliaria Umbral y referente de los jóvenes de la Federación Económica de Tucumán, lo puso en palabras durante su visita al programa No Vengan a Molestar: "Nuestros padres a nuestra edad ya tenían casas. Hoy el alquiler en Tucumán se transformó en una realidad, en una forma permanente de vivir para mucha gente que no puede acceder a la casa propia."
El corrimiento de esa meta no es solo económico sino también cultural. Falcón observa que la juventud tucumana ya no proyecta la vivienda propia de la misma manera que sus padres, en parte porque ve las dificultades que ellos mismos enfrentan.
"Antes era mucho más accesible. Hoy la juventud no está pensando en eso porque ya ve a sus padres con grandes dificultades", señaló. En ese contexto, los barrios privados y countries de la periferia tucumana emergieron como una salida inesperada para la clase media: no como símbolo de estatus, sino como la única forma de acceder a un terreno financiado y construir de a poco.
Zonas como Los Nogales o San Pablo crecieron sostenidamente traccionadas por esa demanda. "Un terreno en un barrio privado ronda entre los 20.000 y los 40.000 dólares, y existe financiación. Antes no existía tanto en Tucumán", explicó Falcón.
Otra alternativa que Falcón recomienda con convicción es la compra en pozo: adquirir una unidad mientras el edificio todavía se está construyendo, pagando cuotas que suelen rondar el valor de un alquiler. "Terminás comprando una unidad a un precio muy inferior al precio de plaza que va a tener cuando esté terminado", detalló.
El desarrollista se fondea con esas cuotas para terminar la obra y el comprador accede a un valor que de otra manera sería inalcanzable. Para quien tiene ahorros y quiere invertirlos, Falcón también sugiere una estrategia concreta: buscar casas a medio construir que se consigan cerca del valor del terreno, terminarlas y venderlas. "Hay muchas casas que por H o por B se quedaron a medias y están a la venta. Es un muy buen negocio si la comprás a buen precio", afirmó.
El trasfondo de todo este panorama es una transformación profunda en la forma en que los tucumanos se relacionan con la vivienda. Lo que antes era un punto de llegada —tener el techo propio— hoy se convirtió en un recorrido largo, lleno de variables y alternativas que hace apenas una generación no existían ni eran necesarias.
El alquiler permanente, los barrios privados como primer escalón y la compra en pozo como apuesta a futuro son las nuevas coordenadas de un mercado que se reorganizó en torno a una realidad que pocos imaginaban hace veinte años: que para muchos tucumanos, la casa propia dejó de ser el punto de partida para convertirse en la meta de toda una vida.
