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Los perfumes son memoria líquida: el tucumano que hace perfumes que cuentan historias

Hay perfumes que se hacen para oler bien. Y hay perfumes que se hacen para contar algo. Gustavo Martinelli, periodista tucumano reconvertido en artesano de los aromas, eligió el segundo camino. Lo explicó en No Vengan a Molestar el 9 de julio de 2025.

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Gustavo Martinelli tiene una definición para los perfumes que no se aprende en ningún manual de marketing: memoria líquida. No es una metáfora vacía sino una descripción precisa de algo que la neurociencia confirma: el olfato es el único sentido que se conecta de manera directa con las zonas del cerebro vinculadas a la memoria y las emociones.

Un olor puede transportarte a un lugar, a una persona, a un momento de tu vida con una precisión que ninguna imagen ni ningún sonido puede igualar. Lo explicó durante su visita al programa No Vengan a Molestar el 9 de julio de 2025, y es exactamente esa propiedad la que él explota en lo que llama perfumería conceptual.

La perfumería conceptual se opone a la lógica de la perfumería comercial. En lugar de partir de una combinación de notas que resulte agradable para la mayoría y venderla con una imagen de marca, parte de una historia, un personaje o un concepto y construye el aroma desde ahí. Primero está lo que se quiere contar, después viene el perfume.

"La perfumería conceptual es la construcción de un aroma a partir de alguna historia o personaje", explicó Martinelli. El resultado es un perfume que no solo huele sino que significa algo, que lleva una carga que el que lo elige comparte o quiere explorar.

El camino de Martinelli hacia este oficio tiene raíces familiares. Su abuelo era perfumista, había estudiado el arte del destilado de aromas en Grasse, Francia, antes de venir a la Argentina, y tenía un taller donde el joven Gustavo se escabullía en las siestas de verano para destapar maceraciones y sumergirse en esos aromas.

"Me encantaba sumergirme en esos aromas que armaba él", recordó. Ese taller olía a fougère, a mezclas de hierbas con cítricos que estaban de moda en los 70, y ese recuerdo olfativo lo acompañó durante toda su carrera periodística hasta que decidió convertirlo en su profesión principal.

Hoy trabaja con aceites esenciales naturales, sin químicos ni conservantes, destilando él mismo algunas plantas de las yungas y la zona de Tafí Viejo, donde tiene su taller y su local. Cada perfume que crea tiene una historia detrás que se puede leer, entender y sentir.

Para Martinelli, eso es lo que distingue a un perfume verdadero de un producto de consumo masivo: la posibilidad de que quien lo usa encuentre en él algo propio, algo que lo transporte a algún lugar que ya conoce o que todavía no sabe que lleva adentro.