Mucho más que un título: por qué el futuro del país depende de las universidades públicas
Hernán Albarracín, secretario de Extensión de la UTN Tucumán, explicó en el programa por qué la crisis académica afecta a toda la sociedad, incluso a quienes nunca pisaron una facultad. "Hay talento desperdiciado", aseguró.
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Existe una creencia popular que reduce el rol de la universidad pública exclusivamente a los estudiantes que cursan en sus aulas y a los docentes que cobran un sueldo allí. Sin embargo, el derrame del sistema universitario atraviesa todos los aspectos de nuestra vida diaria.
En su reciente entrevista en No Vengan a Molestar, el ingeniero Hernán Albarracín se encargó de derribar este mito, explicando por qué el ahogo presupuestario a las casas de altos estudios es un ataque directo a la calidad de vida de toda la población.
"Sin duda la universidad es una de las instituciones más importantes de la Argentina. Las personas que no han sido parte de ella igual aprovechan los beneficios de sus graduados", introdujo el referente de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).
Para graficarlo, apeló a la vida cotidiana: "Un graduado de medicina cura a gente sana y enferma. Las vacunas salen de los investigadores del CONICET. Esto mismo que vivimos hoy con la inteligencia artificial sale de las universidades. Entender que la universidad nos es ajena es un concepto muy errado".
Albarracín destacó que las universidades argentinas, con la UBA a la cabeza en Latinoamérica y la UTN como la única casa de estudios verdaderamente federal, posicionan al país a la vanguardia académica mundial. No obstante, advirtió que la hostilidad gubernamental está provocando una fuga de talentos sin precedentes.
"Hay mucho talento tucumano desperdiciado. Tenemos jóvenes super emprendedores, inteligentes, que deciden no ser docentes o irse a trabajar a otras cosas por la humillación salarial que están recibiendo", relató con preocupación.
La vinculación con el medio a través de la Extensión Universitaria es otra de las funciones vitales en riesgo. El ingeniero explicó que la facultad funciona como una consultora de primer nivel para la sociedad y el Estado, desarrollando proyectos de responsabilidad social y cuidado ambiental.
"El conocimiento se valora en Argentina. La gente confía en los médicos, en los ingenieros, en los psicólogos; la sociedad los busca y los necesita. El gobierno nacional no", disparó Albarracín. Su mensaje final fue un llamado a la empatía colectiva, invitando a la población a separar la política partidaria de la defensa institucional: "La educación pública no puede morir. Si la destruyen, ¿qué va a pasar con el futuro de nuestros hijos?".
