CORRER PARA SANAR: LA CONMOVEDORA HISTORIA FAMILIAR DETRÁS DEL ÉXITO DE JORGE LARRY EN BOSTON
El atleta tucumano abrió su corazón en No Vengan a Molestar y contó cómo la repentina muerte de su padre hace dos años se convirtió en el combustible necesario para perseguir su sueño y soportar el dolor en los momentos más críticos de la carrera.
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En el kilómetro 30 de una maratón, el cuerpo pide tregua. Los músculos arden, el oxígeno escasea y la cabeza empieza a sugerir el abandono. Para Jorge "El Loco" Larry, ese momento exacto en la Maratón de Boston coincidió con el inicio de la temida subida conocida como Heartbreak Hill (la colina rompecorazones). Pero en lugar de frenar, aceleró. El motor que impulsó al mejor argentino de la competencia no fue solo físico; fue una promesa silenciosa hecha hace dos años tras la pérdida más dolorosa de su vida.
Durante su entrevista en No Vengan a Molestar, el ambiente festivo del programa dio paso a una profunda emoción cuando Jorge explicó el verdadero motivo de su intensidad deportiva. "Mi sueño de chico era ser un gran maratonista, pero la vida te va llevando: una carrera universitaria, familia, trabajo. Cosas lindas, pero que te alejan de lo que más te apasiona", comenzó relatando. El punto de quiebre fue el fallecimiento de su padre por un problema cardíaco inesperado.
"Mi viejo era un tipo muy entusiasta, un loco lindo que le gustaba vivir, con unas pilas y una energía que he visto en pocas personas", recordó Jorge con la voz cargada de nostalgia. "Cuando se fue, sentí que era injusto. Un tipo que se merecía seguir muchos años más. Ahí me replanteé muchas cosas. Me dije: '¿Qué mejor puedo hacer para honrar su memoria que aprovechar el tiempo que tenemos acá haciendo lo que realmente nos gusta?'".
Esa epifanía lo empujó a profesionalizar su pasión por el running. "Le puse un poquito más de fichas. Tengo que honrarlo a mi viejo, que él vea desde arriba que acá las horas no me pasan en vano, que le pongo pasión a las cosas. Trato de transformar el dolor de la pérdida en un catalizador de cosas positivas", afirmó ante el silencio respetuoso de Gustavo, Camila y Mauro. Esa fuerza es la que lo sostiene en los entrenamientos solitarios de madrugada y la que le responde cuando, como él mismo admitió, la cabeza le dice: "'Hermano, ¿qué estás haciendo? Tenés 47 años, quedate en casa'". Jorge no se queda; Jorge corre para que su padre lo siga viendo ganar.
