Jardineros del bosque: por qué matar una corzuela es mucho más que matar un animal
Las corzuelas, los pecaríes y los tapires cumplen un rol silencioso pero fundamental en la salud del bosque tucumano. Juan Pablo Juliá, director de la Reserva de Horco Molle, lo explicó en No Vengan a Molestar el 6 de agosto de 2025 con un concepto que resume todo: son los jardineros del bosque.
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Hay una imagen que Juan Pablo Juliá, director de la Reserva de Horco Molle y doctor en biología, usa cuando hace educación ambiental con niños y que funciona igual de bien con adultos: la de los jardineros del bosque. Así llama a las corzuelas, los pecaríes y los tapires, tres especies de mamíferos medianos que comparten un rasgo fundamental: comen frutas de árboles nativos, digieren la pulpa y dispersan las semillas a través de sus heces en lugares alejados de la planta madre. Lo explicó durante su visita al programa No Vengan a Molestar el 6 de agosto de 2025.
Ese servicio ecológico, que parece modesto, es en realidad indispensable para mantener la diversidad vegetal del bosque. Las semillas que pasan por el tracto digestivo de estos animales no solo viajan lejos sino que tienen una tasa de germinación mayor y una supervivencia más alta que las que caen directamente al suelo bajo el árbol que las produce.
"Ayudan a mantener la diversidad vegetal de los lugares donde viven", resumió Juliá. Sin ellos, muchas especies de árboles y arbustos nativos verían reducida su capacidad de reproducirse y expandirse, con consecuencias en cadena para todo el ecosistema que depende de esa vegetación.
El problema es que estas especies son también las más afectadas por la cacería furtiva nocturna, que impacta especialmente en las hembras en época de cría porque son las que más se exponen al salir a alimentarse. Perder hembras en ese período crítico no solo reduce la población de corzuelas o pecaríes en el corto plazo sino que compromete la recuperación de la especie durante años. Y con ella, compromete también el trabajo silencioso de jardinería que ningún ser humano podría reemplazar.
La buena noticia es que cuando se reduce la presión de caza, los animales vuelven. Las cámaras trampa que la Reserva de Horco Molle y la Universidad Nacional de Tucumán mantienen en la Sierra de San Javier desde hace más de 15 años lo demuestran: especies que habían prácticamente desaparecido de los registros fueron reapareciendo de a poco a medida que bajó la cacería en la zona. El bosque tiene memoria y tiene capacidad de recuperarse. Solo necesita que lo dejen.
