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Cita previa para tomar un café: el choque cultural que vivió una tucumana en España

La espontaneidad argentina choca de frente con la estructura española. Mariana González, que vivió varios años en España y volvió a Tucumán, lo contó en No Vengan a Molestar en septiembre de 2025: desde la imposibilidad de caer de sorpresa en lo de un amigo hasta la exigencia de certificaciones para cualquier trabajo.

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En Argentina, encontrarse con un amigo puede ser tan simple como un mensaje de texto y quince minutos después estar tomando un café. En España, eso no existe. "Para encontrarte tenés que programar, sacar una cita, no está la espontaneidad de caigo a tomar un mate", explicó Mariana González, tucumana que vivió varios años en España antes de volver, durante su visita al programa No Vengan a Molestar en septiembre de 2025.

Con los amigos argentinos que fue haciendo allá, la situación se volvió motivo de broma recurrente: hasta para juntarse entre ellos había que reservar el domingo con anticipación y anotarlo en el calendario.

Esa rigidez se extiende a casi todos los aspectos de la vida cotidiana. Los trámites se hacen con cita previa, los turnos pueden demorar semanas y la improvisación que los argentinos resolvemos "atando con alambre y viendo un video de YouTube" simplemente no tiene lugar.

Cada oficio requiere su certificación formal: ser administrativa, peluquera de animales o atender una recepción implica acreditar una formación técnica específica. "No alcanza con tener experiencia, tenés que demostrar que hiciste el curso", señaló Mariana. Una exigencia que tiene su lado positivo —más orden, más profesionalismo— pero que para quien llega desde afuera representa una barrera de entrada considerable al mercado laboral.

Por eso, según su experiencia, la mayoría de los argentinos que emigran terminan trabajando en hostelería: bares, restaurantes, atención al público. No porque no estén capacitados para otra cosa, sino porque es el sector más accesible para quienes no tienen las certificaciones que el sistema español exige.

"Nos reciben bien porque hacemos los trabajos que ellos no quieren hacer", resumió con honestidad. Una realidad que contrasta con la imagen idealizada de la emigración y que conviene conocer antes de hacer las valijas.