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El deporte muestra todo de sus figuras, menos una cosa: por qué la orientación sexual sigue siendo un tabú

Martín Gauna, presidente de la Fundación Monarca, analizó en No Vengan a Molestar el 23 de julio de 2025 por qué el deporte profesional sigue siendo uno de los espacios donde la orientación sexual se oculta con más fuerza.

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Hay una asimetría que Martín Gauna, presidente de la Fundación Monarca, señala con precisión: en el deporte profesional argentino es completamente normal que los jugadores muestren su vida afectiva. Los vemos en revistas con sus novias, en redes con sus familias, en entrevistas hablando de sus parejas. Esa visibilidad no genera ninguna pregunta.

"La heterosexualidad constantemente está confirmando y reafirmando su sexualidad", explicó durante su visita al programa No Vengan a Molestar el 23 de julio de 2025. La pregunta que nadie se hace es por qué eso no genera ningún comentario, mientras que cuando un deportista visibiliza una orientación sexual diferente, el debate explota.

La respuesta tiene que ver con el costo real que implica hacerlo. Un deportista en desarrollo, que entra en competencia profesional alrededor de los 19 años, sabe que visibilizar su orientación sexual puede costarle sponsors, contratos y llamados de otros clubes. No es una percepción: es una consecuencia concreta del sistema en el que trabaja.

Por eso muchos esperan años, décadas incluso, antes de poder decirlo en público. "Hay chicos de 42 años que todavía no le dijeron a su papá que son gay", señaló Gauna. No porque no quieran, sino porque el entorno deportivo, construido sobre una idea muy específica de masculinidad, no genera las condiciones para hacerlo.

La misma lógica que excluye a los deportistas homosexuales opera sobre las mujeres. La brecha salarial en el deporte profesional es tan pronunciada que en básquet, por ejemplo, los hombres ganan más de un millón de pesos más que las mujeres, sin contar la diferencia en sponsors y visibilidad.

"El mejor jugador de fútbol no gana igual que la mejor jugadora de fútbol", resumió Gauna. Y eso no es una excepción sino la regla en prácticamente todos los deportes. El deporte, en ese sentido, no hace más que reflejar y amplificar las desigualdades que ya existen afuera de la cancha. Cambiarlas adentro requiere primero nombrarlas, algo que todavía cuesta más de lo que debería.