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¿El bullying no existía antes o era otra cosa?

Las psicólogas del Servicio de Atención a Adolescentes del Hospital Escuela de la UNT advierten que las principales problemáticas que llegan a la consulta tienen que ver con la dificultad de poner en palabras el sufrimiento, el impacto de las redes sociales y el bullying. Lo analizaron en No Vengan a Molestar en septiembre de 2025, el mismo día en que se conocía el caso de una niña tucumana que había intentado quitarse la vida por acoso escolar.

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El programa del 10 de septiembre de 2025 de No Vengan a Molestar coincidió con el Día Mundial de Prevención del Suicidio y con una noticia que sacudió a Tucumán: una niña había intentado quitarse la vida como consecuencia del bullying que sufría en su colegio.

En ese contexto, las psicólogas del Servicio de Atención a Adolescentes del Hospital Escuela de la Facultad de Psicología de la UNT pusieron en palabras lo que ven todos los días en la consulta. "Lo principal que encuentro es la dificultad de poner en palabras", señaló Micaela Izquierdo Blázquez. "Adolescentes que llegan con conductas de riesgo, que no encuentran otra manera de dejar de sufrir que no sea quitarse la vida o generarse autolesiones."

Sobre el bullying, Izquierdo Blázquez planteó una pregunta que incomoda: ¿existía antes o es un fenómeno nuevo? Su respuesta fue matizada. "Me arriesgo a decir que por algo hoy ha aparecido el término bullying y no existía en otro momento. Hoy aparecen condiciones particulares, maneras de relacionarnos entre compañeros y con los adultos que hacen que en este momento exista el bullying y no en otro."

Las redes sociales son parte central de ese ecosistema: Instagram, con su primacía de la imagen, construye un escenario donde el adolescente arma una versión de sí mismo llena de filtros que no puede sostener en la vida real. "En la realidad no puede expresarse ni mostrarse tal cual es", explicó.

Frente a eso, la respuesta instintiva de muchos adultos es prohibir el celular. Las profesionales advierten que eso puede ser contraproducente. "Si le sacás ese acceso a las redes, lo estás excluyendo de un espacio donde necesita sentirse incluido para no caer en otras situaciones", señaló Izquierdo Blázquez.

La pregunta que proponen hacerse no es cómo limitar la tecnología sino qué vino a reemplazar: qué tipo de lazo social, de mirada y de presencia del otro ocupa hoy el celular, y qué se puede hacer para reconstruir esos vínculos reales que los adolescentes necesitan para atravesar una etapa que, de por sí, ya es de una enorme complejidad.