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Sabe lo que quiere decir, pero su boca no lo ayuda: ¿Qué es la apraxia infantil?

La especialista Romina Trogo explicó en una entrevista a fines del año pasado, las diferencias clave entre un problema exclusivo del habla y un retraso madurativo global. Por qué es un diagnóstico que "se ve" y no solo se escucha.

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En los últimos años, un diagnóstico comenzó a resonar con mayor fuerza en los consultorios fonoaudiológicos y pediátricos: la apraxia del habla infantil. Sin embargo, el desconocimiento general suele generar angustia en las familias, que confunden este cuadro con problemas de aprendizaje o desarrollo global.

Para llevar claridad sobre el tema, la licenciada Romina Trogo, una de las pocas profesionales argentinas en integrar el directorio mundial Apraxia Kids, visitó el programa en noviembre de 2025 y explicó con simpleza de qué se trata este desafío neurológico.

"La apraxia es un trastorno motor del habla. Es un cuadro neurológico que afecta el desafío en la programación y planificación de los sonidos. En criollo: es como que se te desconfigura toda la boca. El niño tiene la idea, sabe perfectamente lo que quiere decir, pero su boca no lo ayuda a ejecutar el movimiento", definió la fonoaudióloga.

Para graficarlo, explicó que un niño con este cuadro puede decir "pata", a los cinco minutos decir "pada" y luego distorsionar el sonido por completo debido a la inconsistencia motora.

Uno de los puntos centrales de la entrevista fue desvincular a la apraxia de otras patologías. "No tiene relación con la dislexia, que es un trastorno del aprendizaje. Tampoco es un retraso madurativo, donde varias áreas del niño no cumplen los hitos esperados. En la apraxia pura, la parte receptiva o cognitiva no está afectada en absoluto", aseguró Trogo.

No obstante, aclaró que en ocasiones puede aparecer asociada a otros diagnósticos, como el Trastorno del Espectro Autista (TEA), lo que requiere una evaluación integral. Un dato revelador que aportó la profesional es que el diagnóstico de la apraxia requiere mucha observación física.

"A la apraxia no la tengo que escuchar, la tengo que ver. Si un niño en vez de decir 'perro' dice 'pelo', eso lo estoy escuchando. Pero si veo que el niño intenta hablar y empieza a tantear, hace esfuerzo, su cara se desconfigura para buscar el sonido y tiene problemas para imitar mis gestos bucales, ahí detecto la apraxia", concluyó la especialista, remarcando que, aunque no tiene cura, un tratamiento temprano guiado por expertos permite dotar al niño de herramientas y autonomía comunicativa.