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La intimidad del vestuario al desnudo: "Las reglas del fútbol 5" interpela a las masculinidades desde la comedia

Con dramaturgia de Fabrizio Origlio y dirección de Jackie Anastasio Salas, la pieza protagonizada por Sebastián Finkelstein, Catto Emerich y Gustavo Delgado agota funciones en CiTÁ. Una propuesta que utiliza el clásico picadito entre amigos para explorar las contradicciones del mandato masculino contemporáneo.

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El vestuario deportivo, históricamente concebido como un santuario cerrado de complicidad viril y códigos inquebrantables, se convierte en el epicentro del debate social contemporáneo en "Las reglas del fútbol 5". La comedia dramática estrenada en el espacio cultural CiTÁ aborda las tensiones, temores y afectos de los varones adultos a través del humor directo y sin concesiones.

En su visita al ciclo No Vengan a Molestar, el actor y productor Sebastián Finkelstein detalló cómo la obra desentraña las dinámicas internas de un grupo de padres que se reúne semanalmente a jugar a la pelota. Lejos de centrarse en la destreza atlética o los resultados deportivos —de hecho, la pelota nunca aparece en escena—, el conflicto estalla al concluir un partido ganado.

Tres amigos pertenecientes a la liga de padres de un colegio comparten las clásicas bromas, chicanas y festejos de rigor hasta que uno de ellos formula una pregunta inesperada e incómoda. Ese quiebre desata un vendaval de confesiones y replanteos que demuele la coraza superficial de los personajes y deja al descubierto sus inseguridades más profundas.

El elenco reúne sobre las tablas a tres figuras reconocidas del espectáculo y los medios locales: Finkelstein comparte cartel con el conductor y actor Cato Emerich y el referente del stand up tucumano Gustavo "Negro" Delgado. Dirigidos por Jackie Anastasio Salas sobre un texto concebido por el dramaturgo porteño Fabrizio Origlio —quien concibió el proyecto específicamente para ser producido con talentos tucumanos—, el trío despliega un ritmo vertiginoso que combina el vodevil físico con diálogos agudos sobre la masculinidad frágil, la deconstrucción impuesta y los tabúes de la mediana edad.

Uno de los mayores atractivos de la propuesta radica en su tratamiento del humor frente a los límites de lo políticamente correcto. Finkelstein explicó que el guion incorpora de manera explícita las tensiones cotidianas de los grupos de varones: frases anacrónicas que ya no se pueden pronunciar, la autocensura incómoda y la mirada vigilante entre pares. En lugar de eludir el conflicto o recurrir al chiste fácil, la obra expone esas fricciones con naturalidad, provocando tanto carcajadas genuinas como momentos de introspección colectiva.

Tras agotar localidades en sus dos primeras funciones, el elenco afronta una serie de presentaciones programadas para los jueves de octubre en la sala de calle Lamadrid 1457. La respuesta de la platea ratifica la vigencia de un teatro que interpela las conductas cotidianas desde la empatía y la risa, demostrando que detrás de la retórica deportiva de los "machos alfa" laten las mismas dudas, afectos y vulnerabilidades que atraviesan a la sociedad entera.