El karma de vivir al sur: cómo nació Karma Sudaca en una noche de ginebra y una canción de Charly García
Una despedida, bebidas espirituosas de por medio, una canción de Charly García en la radio y una apuesta de caballeros. Así nació el nombre de una de las bandas de rock más longevas de Tucumán. Tony Molteni lo contó en No Vengan a Molestar el 11 de junio de 2026.
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Era una noche de despedida. Tony Molteni y su mejor amigo y baterista se juntaron solos, con bebidas espirituosas de por medio, porque el amigo se tenía que casar y mudarse a Santa Fe. La banda que tenían juntos se acababa.
En ese momento, en la radio sonó una canción de Charly García que en algún verso mencionaba el karma de vivir al sur. Los dos estaban en nivel delirio, como describe Tony, y empezaron a preguntarse: ¿cuál sería el karma de vivir al sur? Tenemos esto, tenemos aquello, tenemos aquí. Y de repente los dos al mismo tiempo: el karma sudaca. Lo contó en el programa No Vengan a Molestar el 11 de junio de 2026.
Ahí mismo hicieron una apuesta de caballeros. El primero que formara una banda, ya sea él en Santa Fe o Tony en Tucumán, la llamaría Karma Sudaca. Para ellos el nombre significaba algo concreto: el orgullo de ser sudamericanos, poner el pecho ante cualquier karma que implicara haber nacido en este lado del mundo.
No tardó mucho. Tony se cruzó con los músicos que serían sus compañeros en una zapada en un bar, hicieron una canción improvisada que todavía tocan hoy y al día siguiente los invitó a su casa. Les explicó que el nombre implicaba un compromiso: con las letras, con la realidad, con decir cosas que valieran la pena. Todos aceptaron. Treinta años después siguen siendo los mismos.
Esa continuidad es en sí misma un récord dentro del rock tucumano. "Somos los mismos del primer show", dijo Tony con una naturalidad que habla de algo construido con mucho trabajo y poca estridencia. El secreto, según él, tiene dos ingredientes simples: paciencia y ausencia de egos.
Cada integrante tiene un rol claro y lo respeta. El Colorado es el show arriba del escenario. Cacho es el que sabe musicalmente lo que están haciendo. Calavera es el que los baja a tierra cuando se van demasiado lejos. Tony es el letrista, el que habla, el que da la cara. Ninguno invade el espacio del otro.
Hubo momentos en que podrían haber forzado el ritmo y no lo hicieron. Cuando los integrantes empezaron a ser padres, la banda paró. "Uno podría haber sido egoísta", reconoció Tony. Eligieron no serlo. Y esa decisión, que en el momento pudo parecer un freno, es probablemente una de las razones por las que treinta años después siguen tocando juntos y siguen teniendo cosas para decir.
