El arte es 70% bohemia: Tony Molteni y lo que se pierde cuando todo se vuelve contenido
En La Cosechera, un bar icónico que había en el centro de Tucumán, se gestaban obras de teatro, ideas y proyectos mientras se tomaba ginebra. Tony Molteni, voz de Karma Sudaca, reflexionó sobre lo que significa ese espacio en el arte en No Vengan a Molestar el 11 de junio de 2026.
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Tony Molteni tiene una fórmula para el arte que suena simple pero que cada vez cuesta más sostener: es 70% bohemia y 30% trabajo. No es una reivindicación del desorden ni de la irresponsabilidad. Es una defensa de algo concreto que se está perdiendo: el encuentro entre personas, la charla sin agenda, el delirio compartido del que salen ideas que ninguno hubiera tenido solo. Lo explicó durante su visita al programa No Vengan a Molestar el 11 de junio de 2026.
La referencia que usa para ilustrarlo es La Cosechera, un bar que estaba en Junín y San Martín en el centro de Tucumán y que hoy es un restaurant. Cuando Tony era chico, iba y se sentaba en un rincón a observar. Ahí se juntaban referentes de la cultura tucumana. Tomaban ginebra, hablaban, y todo lo que hablaban lo cumplían, no al otro día sino ahí mismo. Una vez, en esa mesa, alguien dijo que Tony se parecía al perro de Inodoro Pereyra. Otro se paró e hizo de Inodoro Pereyra. Un tercero dijo hagamos la obra. La hicieron. Fue un éxito de taquilla en Tucumán. De una comparación en una mesa de bar salió una obra de teatro.
Ese tipo de generación de ideas, dice Tony, no puede reemplazarse con una pantalla. Las redes sociales son una herramienta que él valora y usa. "Hoy tengo las mismas herramientas que tiene Metallica", reconoció. Sube las canciones a las mismas plataformas, las difunde en las mismas redes. Eso es democratizador y está bien. Pero hay algo que las plataformas no pueden dar: la fricción creativa que ocurre cuando dos personas están en el mismo lugar, sin agenda, dejando que la conversación vaya a donde tenga que ir.
El nombre Karma Sudaca nació exactamente así. Una noche de despedida, una canción de Charly García en la radio, dos amigos en nivel delirio preguntándose cuál sería el karma de vivir al sur. De ahí salió el nombre de una banda que lleva treinta años. Ningún algoritmo hubiera llegado a eso.
Lo que Tony pide no es volver al pasado ni rechazar las herramientas nuevas. Es no perder la bohemia en el proceso. Que los músicos, los escritores, los artistas de cualquier disciplina sigan encontrándose en lugares físicos, sigan dejando que las conversaciones se extiendan más allá de lo útil, sigan permitiéndose el delirio. Porque el 70% que parece improductivo es, según él, exactamente donde nace todo lo que después vale la pena.
