Hay bandas, hay gente, pero no hay lugares: el rock tucumano según Tony Molteni
Los chicos de 15 años hacen covers de Serú Girán y Wos es el nuevo rock. Pero falta una pata fundamental para que el ecosistema funcione. Tony Molteni, voz de Karma Sudaca, lo analizó en No Vengan a Molestar el 11 de junio de 2026.
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Tony Molteni tiene una teoría sobre el rock tucumano que no es pesimista sino diagnóstica. "Hay bandas, hay gente, pero no hay lugares", dijo durante su visita al programa No Vengan a Molestar el 11 de junio de 2026. Tres patas necesarias para que un ecosistema musical funcione. Las primeras dos están. La tercera es la que falla.
En los 90, cuando Karma Sudaca empezaba, había lugares pequeños donde tocar y público que los llenaba. B19, Arakiri, Mayday, Burro de Arranque llenaban en todos lados. Había una cadena que funcionaba: bandas, espacios y audiencia. Hoy las bandas existen y son buenas.
Tony fue hace poco a tocar a una semana de un colegio y vio chicos de 15 y 16 años haciendo ese rock que a él le gusta, haciendo covers de Serú Girán con un nivel que lo sorprendió. Misión presentó un disco hace poco y Tony subió a cantar con ellos. Caraguay, los Hombres de Marte, los Inspectores. El talento está.
El problema es que un chico que recién empieza no puede ir a tocar a Central Córdoba. Alquilar ese espacio implica también alquilar un escenario, un sonido y una iluminación a la altura del lugar. "Listo, fundiste en el primer show", resumió Tony. Irlanda abrió sus puertas a bandas originales y está funcionando. Caprice también, aunque es chico. Bar Sur, José Cuervo, Puerto Libertad para eventos. Pero la oferta sigue siendo escasa para la cantidad de bandas que hay.
En paralelo, Tony ve con buenos ojos lo que pasa con los géneros nuevos. Para él Wos es el nuevo rock. "Es un rock totalmente", dijo. Dyllom también le pareció punk cuando lo vio en vivo en un festival. La lógica es la misma que describía Luca Prodan cuando decía que el rock tiene que ser el grano en el culo de la sociedad: decir lo que hay que decir, gritarlo, no callarse. Eso lo están haciendo varios artistas jóvenes hoy, aunque no se llamen a sí mismos rockeros todavía.
Lo que sí señala como una pérdida es la tendencia a hacer música para el algoritmo. Bandas que suenan todas igual porque eso es lo que vende en ese momento, que coquetean con lo que está de moda sin una identidad propia. En Tucumán eso no pasa tanto, dice. Las bandas del norte tienen una identidad que no se negocia fácilmente. Eso, en un mundo donde todo tiende a homogeneizarse, es más valioso de lo que parece.
