Ombligos, leones y nombres de parejas: las tendencias del tatuaje y el piercing en Tucumán según quienes los hacen
Cuando llega el calor vuelven los piercings en el ombligo, el león sigue siendo el tatuaje más pedido y tatuar el nombre de la pareja casi nunca termina bien. Ximena Street y Daniel Cáceres, referentes del arte corporal tucumano, lo contaron en No Vengan a Molestar en septiembre de 2025.
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Si hay algo que Ximena Street y Daniel "Capitán" Cáceres aprendieron después de años detrás del mostrador es que las modas en el arte corporal son más predecibles de lo que parecen. Con la llegada del calor, el piercing en el ombligo vuelve a liderar los pedidos. "Ahora que está llegando el calorcito, se están perforando otra vez el ombligo", confirmó Ximena durante su paso por el programa en septiembre del año pasado, a comienzos de la primavera.
En tatuajes, en cambio, el rey indiscutido sigue siendo el león —especialmente en su versión con reloj— y no faltan quienes llegan con la foto de un familiar pidiendo que le tatuen la cara o que emerja del centro de una leona partida al medio. "Bastante raros", admitió Ximena con humor.
Sobre el eterno debate del dolor, la respuesta es más matizada de lo que muchos esperan. Según su experiencia, más que dolor lo que frena a la gente es la impresión. "Muchas veces perforé y cuando termino le pregunto si le dolió y me dice que no", contó.
Aunque hay zonas que concentran más sensibilidad: el interior de la oreja fue, en su propio cuerpo, el tatuaje más doloroso de todos. "Ese mismo día me iba a tatuar las dos orejas y no pude", reconoció. En cuanto a los piercings, el antitrago se lleva el primer puesto en el ranking del dolor, seguido de cerca por el daith.
La anécdota que más se repite en el local, sin embargo, no tiene que ver con el dolor sino con los nombres. Tatuar el nombre de la pareja sigue siendo un pedido frecuente, pero Ximena y Daniel ya aprendieron a leer la situación: "La mayoría de las veces el nombre de la pareja se tatúa cuando quieren salvar la relación", señaló Dani.
Un manotazo de ahogado que, estadísticamente, casi nunca funciona. Su recomendación es siempre la misma: pensarlo bien, tomarse el tiempo necesario y no apurarse. Porque un tatuaje, a diferencia de muchas relaciones, dura toda la vida.
